El eco negro by Connelly Michael

El eco negro by Connelly Michael

Author:Connelly, Michael [Connelly, Michael]
Format: mobi
Published: 2010-06-01T00:38:20+00:00


Los ojos drogados de Pirómano le brillaban bajo la luz de neón. Chupó con fuerza su Kool, tragándose el precioso humo. Habían liado el cigarrillo con una sustancia psicodélica. Cuando dos columnas de humo se le escaparon por la nariz, el chico sonrió.

- ¡Eres el primer tiburón que usan como cebo! -exclamó-. ¿Captas?

Pirómano soltó una carcajada y dio otra fuerte calada antes de pasarle el cigarrillo a Tiburón. Éste creía que ya había fumado bastante, así que se lo pasó a Mojo.

- Me estoy cansando de esta mierda -comentó Tiburón-. ¿Por qué no vas tú, para variar?

- Tranqui, colega. Tú eres el único que puede hacerlo. Mojo y yo no actuamos tan bien como tú. Además nosotros tenemos nuestra función. Tú no tienes fuerza para currar a esos maricones.

- Y ¿por qué no volvemos al 7-Eleven? -sugirió Tiburón-. No me gusta eso de no saber quién es. El 7-Eleven funciona; allí escogemos a nuestra presa, no ellos a nosotros.

- Ni en broma -sentenció Mojo-. No sabemos si el último tío nos denunció o no. Tenemos que desaparecer un tiempo. Igual la pasma lo está vigilando desde el mismo aparcamiento que usábamos nosotros.

Tiburón sabía que tenían razón, pero pensaba que pasearse por la zona de maricas de Santa Mónica Boulevard se parecía demasiado a hacer la calle de verdad. Muy pronto, adivinó, sus dos colegas no tendrían ganas de atacar. Querrían que él se ganara el dinero haciendo chapas. Tiburón tenía muy claro que en ese momento los dejaría y se abriría.

- Vale -dijo bajando de la acera-. No me falléis.

Cuando Tiburón se dispuso a cruzar la calle, Pirómano le recordó:

- ¡Un BMW como mínimo!

«Como si tuvieran que decírmelo», pensó Tiburón. Tras caminar media manzana hacia La Brea, se apoyó en la puerta de una imprenta ya cerrada. Todavía le quedaba otra media manzana para llegar a Hot Rod, una librería para adultos en la que por veinticinco centavos podían verse desnudos masculinos por una ranura. Sin embargo, estaba lo suficientemente cerca para captar la atención de un hombre que salía de la librería. Tiburón desvió la vista y, al volverse, vislumbró el brillo del porro en la oscuridad del callejón donde Pirómano y Mojo esperaban sentados en sus motos.

Al cabo de diez minutos, un coche, un Grand Am nuevo, se detuvo junto a la acera y bajó la ventanilla. Recordando lo de BMW como mínimo, Tiburón resolvió pasar de él hasta que vislumbró un fulgor dorado y decidió acercarse un poco. La adrenalina se le disparó al ver que la mano que agarraba el volante estaba adornada con un Rolex Presidencial. Si era auténtico, Pirómano sabía de un sitio donde les podrían dar tres mil dólares por él. Tocarían a uno de los grandes por cabeza, sin contar lo que este primo pudiera tener en su casa o en la cartera. Tiburón sopesó al hombre con la mirada. Parecía un tío legal, un ejecutivo. Moreno, traje oscuro. Cuarenta y tantos años, no demasiado corpulento. Pensó en que incluso podría con él sin ayuda de sus amigos.



Download



Copyright Disclaimer:
This site does not store any files on its server. We only index and link to content provided by other sites. Please contact the content providers to delete copyright contents if any and email us, we'll remove relevant links or contents immediately.